En femenino: Beatriz Galindo, La Latina

Cuando Hernando del Pulgar traza, en su Crónica de los Reyes Católicos, el retrato de la reina Isabel, alude a las muchas damas de las que gustaba rodearse. Entre esas damas que formaban su séquito, estaba Beatriz Galindo, que gozó de la confianza de la soberana, integrándose en su círculo más íntimo, acompañándola en sus viajes y desplazamientos, y sirviéndola en todo aquello que Isabel precisó de ella.

Galindo, Beatriz. La Latina. Salamanca, c. 1465 – Madrid, 23.XI.1535. Dama de la Corte de Isabel la Católica, humanista. Real Academia de la Historia.

Beatriz ha pasado a la historia no solamente como una de las damas que gozó de mayor proximidad con la soberana, sino también porque se le atribuye un destacado papel intelectual en el seno de la corte de los Reyes Católicos, que, entre otras cosas, le habría valido el sobrenombre de La Latina con el que se la conoce habitualmente.

En efecto, el papel que desempeñó la dama en la Corte de los Reyes Católicos estuvo estrechamente relacionado con su facilidad para el manejo del latín, que fue precisamente el motivo que determinó su presencia junto a Isabel a partir de 1486. Así, la dama es celebrada por sus logros intelectuales, entre los que se contarían su diestro manejo del latín, pero sobre todo su condición de maestra en esa lengua de la reina y sus hijas.

“…Aquella Latina
Que apenas nuestra vista determina
Si fue mujer o inteligencia pura,
Docta con hermosura
Y santa en lo difícil de la corte.
¡Mas qué no hará quien tiene a Dios por norte!” 

Lope de Vega, “El Laurel de Apolo” (c. 1630)

Beatriz, conocida ya con el respetuoso apelativo de la Latina, contrajo matrimonio, según el deseo real, con uno de los grandes héroes del final de la Reconquista: Francisco Ramírez de Madrid, el Artillero. A su muerte dejó descendencia y fundaciones benéficas en Madrid, ciudad donde el céntrico barrio de La Latina, donde se asentó, lleva su nombre en su honor.

Deconstrucción del mito

Según se ha escrito durante siglos, a causa de su inteligencia y afición a las letras, sus padres eligieron a Beatriz entre las hijas del matrimonio para destinarla al claustro, y decidieron que tomase clases de gramática en una de las escuelas de la Universidad de Salamanca. A los quince años de edad, se llegó a decir, leía y traducía bien los textos clásicos, y hablaba latín con fluidez. Su fama se extendió primero por Salamanca y después por todo el reino y empezó a ser conocida como la Latina.

En el siglo XX algunos historiadores llegaron a afirmar que Beatriz Galindo fue maestra de cinco reinas: la propia reina Isabel y sus cuatro hijas: Juana, reina de Castilla; Catalina, reina de Inglaterra; e Isabel y María, reinas ambas de Portugal, ​algo que en la actualidad se rebate, ya que el maestro de latín oficial de las princesas fue fray Andrés de Miranda.​ Otros se llegaron a inventar que Galindo habría sido miembro del Consejo de los Reyes Católicos.​

El estudio de los libros de cuentas de los Reyes Católicos y de los archivos de la Casa de Bornos permitieron a Antonio de la Torre y a Pedro Porras realizar las primeras biografías «históricas» de Beatriz Galindo, por oposición a las anteriores que habían sido sobre todo «laudatorias». Mostraron así que Galindo había sido una mera criada en la corte, sin ninguna función didáctica o académica.​

En 2019, la profesora Ana María Carabias Torres realizó, a petición de la Junta de Castilla y León, un estudio histórico que, remontando a las fuentes documentales disponibles, concluyó que la historia construida en torno a Beatriz Galindo era «una fábula, una historia ficticia que a día de hoy es políticamente correcta».

En ningún caso frecuentó las aulas de la Universidad de Salamanca, y posiblemente tampoco se benefició de la sapiencia docente de Antonio de Nebrija, ni mucho menos fue docente en dicha universidad. Beatriz quizá estudió en alguna de las instituciones docentes de su ciudad natal, aunque resulta de todo punto imposible determinar en cuál. Independientemente de dónde desarrollara sus estudios, lo cierto es que Beatriz mostró en seguida un gran interés por la lengua latina, que no tardó en dominar. 

Como es sobradamente conocido, Beatriz Galindo llegó a la corte precedida de su fama de mujer culta e instruida. Se trataba de una corte imbuida del «ambiente festivo, culto y ceremonioso» impuesto por los Trastámara a lo largo del siglo XV. Una corte en la que se valoraba sobremanera «la adquisición de sabiduría, discreción y sutileza» , en la que actividades como «el cultivo de las letras» se convirtieron en «fuente de prestigio» ante los reyes, al mismo tiempo que la cultura devino en un elemento central en el ambiente cortesano, llegando a ser «elemento de autoafirmación y poder».

Beatriz Galindo protagonizó una trayectoria vital un tanto excepcional en el momento en que le tocó vivir: disfrutó de un protagonismo inhabitual para las mujeres de esa etapa, ya que destacó por su elevada formación intelectual, en un momento en el que esa situación no era precisamente habitual.

Todo esto, en un momento en el que la introducción del humanismo produjo un evidente interés por la educación. En este contexto, se concede una especial relevancia a la formación de los jóvenes, y «quizá en particular» a la de las mujeres, «que muestran ahora una evidente afición a la cultura escrita». La reina impulsó claramente tal proceso, poniendo «de manifiesto su gusto por el saber» , presentándose a sí misma como mujer letrada y procurando la presencia en su corte de mujeres cultas e instruidas.

Para cuando Beatriz llegó a la corte, en 1486, tal como señala Antonio de la Torre, la reina Isabel llevaba a sus espaldas unos cuantos años de aprendizaje del latín, pues se había iniciado en él hacia 1482. Es dudoso que Beatriz ayudara a la reina y a sus hijas con el estudio de esa lengua, no como una profesora en el sentido estricto del término, sino de manera más doméstica. También que fuera la autora de alguna de las obras que se le atribuyen. Por el contrario, sí se ha podido establecer su condición de propietaria de una biblioteca de cierta importancia, algo en consonancia con unas evidentes inquietudes intelectuales. En esa biblioteca se incluían tanto textos en latín como diversos libros escritos en romance.

CON INFORMACIÓN DE María del Pilar Rábade Obradó, “Construcción y deconstrucción de un personaje: Beatriz Galindo frente a su mito” (en “Penser le genre dans la péninsule Ibérique au Moyen Âge” Cahiers d’études hispaniques médiévales 2016/1 n° 39). (Fecha de publicación en línea: 31/05/2017 https://doi.org/10.3917/cehm.039.0165)

IMAGEN: Calle Beatriz Galindo, Madrid. (FOTO: Wikipedia)

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