Las lenguas cambian lentamente, sin que sus hablantes lo perciban. No nacen de un día para otro. En realidad llega un momento en que las diferencias acumuladas evidencian que hay algo nuevo. Es lo que podría estar ocurriendo hoy con el brasileño. Los usuarios engalanamos o empobrecemos el habla con innovaciones que unas veces arraigan y otras tienen vida efímera. En ausencia de cohesión, unas comunidades pueden distanciarse de otras. Cuando fluye la intercomunicación entre las distintas tendencias, mantienen su unidad, cuando se intensifican sus diferencias, nace una lengua. Así lo entiende el lingüista y académico Fernando Venancio en su libro Assim Nasceu uma Língua (2019), donde cuenta con pasión, elegancia y fino humor la historia de la lengua portuguesa y mantiene y justifica una reflexión fundada sobre su futuro.
Leído con pasión, concluye el lector que en dos o tres generaciones podría hablarse del nacimiento de una nueva lengua en Brasil y añadir así una más a la lista de las que cuentan con más de cien millones de hablantes, el brasileño, y quitar otra, el portugués. Otros especialistas, sin embargo, creen que la evolución seguirá desarrollándose dentro de una misma lengua común, como ocurre con otras grandes lenguas internacionales. La cuestión, por tanto, permanece abierta.
Ha contribuido al distanciamiento la relativa debilidad de los intercambios culturales directos entre Portugal y Brasil durante largos periodos de su historia. Portugal ha dejado de lado parte de su influencia cultural, mientras Brasil desarrollaba una identidad propia cada vez más firme. No ocurrirá lo mismo con el portugués de Angola y Mozambique, que sigue conectado en gran medida a los usos lingüísticos de Lisboa.
Era uma vez …
El portugués nació del antiguo gallego, lengua medieval hablada en Galicia y en el norte del actual Portugal, como consecuencia de una división política y de algunos hechos azarosos. Ambas lenguas pasaron unos quinientos años siendo la misma. Nadie hubiera podido imaginar que se desarrollaría un reino al sur de Galicia, y mucho menos que engendraría una nueva lengua, pues Portugal, como Castilla, era un condado dependiente del Reino de León. Si la independencia de Castilla la impulsó Fernán González (910-970), la de Portugal fue obra de Afonso Henriques (1109-1185). Ambos se enfrentaron a los respectivos reyes para declarar la independencia de sus condados.
Corría el año 1139 cuando Henriques venció a los musulmanes en la batalla de Ourique, una de las derrotas decisivas en la recuperación de territorios ocupados por los musulmanes en la franja atlántica. Tan grande fue el entusiasmo de su ejército y de sus nobles que lo proclamaron rey de Portugal. Fuentes modernas sugieren que la batalla pudo haber sido menos grandiosa de lo que la tradición relata, pero su impacto político y cultural fue enorme. Allí comenzó a perfilarse una lengua que, con el paso de los siglos y la consolidación del nuevo reino, acabaría diferenciándose del gallego y recibiendo el nombre de portugués. La distancia entre Galicia y Lisboa en aquellos tiempos era tan grande que la forma más rápida de viajar de La Coruña a Lisboa era la vía marítima, un trayecto arriesgado y amenazado por la piratería. Esa escasez de intercomunicación facilitó el distanciamiento.
Algo parecido sucedió siglos más tarde en Brasil. La separación política se acentuó en 1822 con la independencia. Ya por entonces existía una forma brasileña de hablar que había evolucionado de manera distinta, ajena a algunos cambios lingüísticos que se producían en la Península Ibérica durante los siglos XVIII y XIX. Alteraciones fonéticas, léxicas y sintácticas fueron distanciando progresivamente ambas variedades. Hacia la mitad del siglo XX comenzó a ser frecuente traducir los libros en dos versiones: una para Portugal y otra para Brasil. A partir de los años 1960 y 1980 se hizo habitual que grandes editoriales publicaran una edición portuguesa y otra brasileña, especialmente en literatura infantil, manuales escolares y textos técnicos. Por entonces se fue estandarizando un portugués brasileño literario diferenciado.
El peso demográfico y cultural de Brasil impulsa el desarrollo de rasgos propios cada vez más visibles.
Los acuerdos ortográficos de 1945 y 1990 (implantados entre 2009 y 2015) no unificaron completamente los usos. Sirvieron para reducir algunas diferencias, pero no eliminaron la necesidad comercial de adaptar el léxico, el uso de tiempos verbales, el tratamiento de la segunda persona o determinadas referencias culturales. Aunque hoy la norma escrita está más unificada, persisten discrepancias reales: Portugal mantiene consonantes etimológicas que Brasil elimina (acção, óptimo, facto / ação, ótimo, fato); también difieren el uso de acentos gráficos, el léxico y algunos rasgos sintácticos, como el empleo de pronombres enclíticos.
Por eso se ha extendido el hábito de producir también dos versiones en el doblaje y subtitulado de películas, en la literatura comercial, en los videojuegos y en el software. En cambio, los textos académicos o jurídicos suelen seguir produciéndose en una variedad única, a veces con cierta neutralización. El contacto entre brasileños y portugueses es hoy mayor que en otras épocas gracias a los medios de comunicación, a internet y a la circulación global de productos culturales. Esa intercomunicación contribuye a mantener la inteligibilidad mutua y puede frenar una posible separación lingüística completa. Aun así, el peso demográfico y cultural de Brasil impulsa el desarrollo de rasgos propios cada vez más visibles. En Brasil apenas hay portuguesismos y se conocen poco las formas europeas. A Angola y Mozambique, sin embargo, llegan los libros con la adaptación de Lisboa.
Hacia la independencia lingüística
El portugués brasileño es más melódico y musical, con un tono más abierto y cadencioso, y las vocales suelen ser más relajadas. El portugués europeo es más rápido y presenta un ritmo acentual más tenso, en el que las vocales breves pueden apenas percibirse. La -s final de sílaba se pronuncia en ciertas posiciones como /s/ en Brasil y como /ʃ/ en Portugal. Los sonidos /b, d, g/ son más enfáticos en Brasil. La presión de la oralidad brasileña, más abierta a la simplificación morfológica y a la regularización sintáctica, podría consolidarse también en la escritura.
La identidad nacional no es ajena a este distanciamiento. Brasil tiende a afirmar un estándar propio como expresión de su peso demográfico y cultural. Si a ello añadimos la distancia geográfica, comprenderemos que cada comunidad lingüística desarrolla soluciones propias para necesidades comunicativas distintas. A esta tendencia se suma la influencia desigual de lenguas indígenas y africanas, que alimentan en Brasil innovaciones léxicas y fonéticas. Por otra parte, productos mediáticos brasileños como la música, las telenovelas y las redes sociales sirven de modelo lingüístico y refuerzan rasgos propios. Faltas de voluntad unitaria, las políticas educativas y normativas de ambos países avanzan en gran medida de forma independiente.
No se trata de una excepción. Las lenguas viven y se adaptan a sus hablantes, a sus territorios y a sus culturas. La distancia geográfica, las diferencias sociales y culturales, la identidad nacional y las necesidades comunicativas propias de cada comunidad generan innovaciones que, con el tiempo, consolidan nuevas variedades. Así como el galaico-portugués medieval acabó dando origen a dos lenguas distintas, algunos autores creen que el portugués podría seguir un camino semejante en Brasil. Otros consideran, sin embargo, que la intercomunicación global de nuestro tiempo hace menos probable una ruptura completa.
Como ocurre siempre con las lenguas, el futuro dependerá menos de los lingüistas que de quienes la hablan cada día.
Las grandes lenguas internacionales suelen mantener su unidad a pesar de la diversidad de sus variedades. La intercomprensión entre comunidades alejadas geográficamente puede mantenerse durante siglos si existen tradiciones culturales compartidas, normas escritas comunes y una intensa circulación de textos y productos culturales. Las diferencias entre el inglés británico y el estadounidense, por ejemplo, no impiden la intercomunicación. Algo parecido sucede con el español hablado a uno y otro lado del Atlántico, donde existen notables variaciones léxicas y gramaticales sin que ello haya puesto en peligro la unidad del idioma. La variedad del español de Castilla sigue siendo referencia frecuente en otras regiones de España y también en los países hispanoamericanos, una tendencia a la cohesión que contribuye a mantener la proyección internacional de nuestra lengua.
Tal vez dentro de algunos siglos los historiadores de la lengua miren hacia atrás y sitúen en nuestro tiempo el comienzo de una nueva etapa. O quizá el portugués continúe siendo una sola lengua con acentos diferentes. Como ocurre siempre con las lenguas, el futuro dependerá menos de los lingüistas que de quienes la hablan cada día.
PUBLICADO originalmente en El Confidencial por Rafael del Moral.
IMAGEN: A chegada de Pedro Álvares Cabral ao Brasil ocorreu em 22 de abril de 1500, um marco histórico que iniciou o período de colonização portuguesa na América do Sul. A expedição, composta por 13 embarcações, partiu de Lisboa em 9 de março de 1500, com o objetivo oficial de chegar às Índias, mas desviou-se de sua rota contornando o Atlântico, resultando no avistamento de terras brasileiras. (ILUSTRACIÓN: Felipe Mayerle/Superinteressante)






