Por qué el español invoca a Marte los martes y el portugués a la aritmética

Hay una frontera lingüística que cruza la península ibérica y que casi nadie nota porque ocurre cada vez que alguien dice qué día es hoy. En español, el martes pertenece a Marte y el viernes a Venus. En el oeste peninsular esos mismos días se llaman terça-feira y sexta-feirasin dioses y sin mitología, solo aritmética. Dos lenguas hermanas, nacidas del mismo latín vulgar, tomaron caminos opuestos ante el mismo problema: qué hacer con una semana diseñada por astrólogos paganos cuando tu civilización entera profesa lo contrario.

La semana no tiene más anclaje en el cielo que la división en cuatro cuartos de las fases lunares, que son de aproximadamente 29,5 días. Pero no es un fenómeno astronómico tan preciso como el día (una vuelta de la Tierra) o el año (una vuelta al Sol). Los nombres de los días no son etimología decorativa: constituyen el registro fósil de las batallas culturales y religiosas que cada civilización decidió librar.

El cristianismo intentó que los días de la semana no fueran invocaciones de dioses paganos. En algunas lenguas triunfó, pero no así en el español que conservó la costumbre romana. El portugués sustituyó a Marte y a Venus por números, y dejó resuelto hace siglos el conflicto entre paganismo y fe, pero a casi toda Europa occidental no le importó convivir con ellos. Por eso la semana, ese invento sin ninguna base astronómica, es el último reducto pagano que sobrevive intacto en pleno catolicismo.

En el origen, Babilonia, los siete astros y Roma

El número siete no lo inventó ningún calendario agrícola, lo ideó la astronomía babilónica. Lo que hizo fue identificar siete cuerpos celestes visibles a simple vista —SolLunaMarteMercurioJúpiterVenus y Saturno— y les atribuyó gobierno sucesivo sobre las horas y los días. Roma heredó ese sistema con su propio panteón ya puesto: dies Martisdies Mercuriidies Iovisdies Venerisdies Saturni, flanqueados por el día del Sol y el día de la Luna. De ahí desciende directamente el español, salvo el dies Solis que pasó a ser Domingo (dies Dominicus). De Iovis dies, día de Júpiter, procede nuestro jueves; y Saturni sobrevivió solo en inglés Saturday.

El griego clásico no tenía originalmente semana, los días se numeraban dentro de cada mes. La semana llegó durante la época helenística. Entonces aparecieron los nombres planetarios, paralelos a los latinos: Ἡμέρα Ἡλίου, día del Sol; Ἡμέρα Σελήνης, día de la Luna… Cuando el cristianismo se consolidó en el Imperio bizantino, fueron sustituidos por la numeración: DefteraTritiTetarti —literalmente segundotercerocuarto día—, un sistema que el griego moderno conserva casi sin tocar.

El hebreo fue todavía más radical en su renuncia a la mitología: simplemente contó. Yom RishonYom SheniYom Shlishi día primerodía segundodía tercero— hasta llegar al séptimo, el Shabbat, que no se numera porque no es un día más sino la meta de toda la semana, el día del descanso divino tras la Creación. Esa estructura —seis días contados y un séptimo con nombre propio y estatuto especial— es el armazón que el cristianismo heredará y sobre el que construirá su propio conflicto interno: ¿es el domingo el séptimo día de los judíos o el primero de una semana nueva? Sábado procede del latín sabbătum, que a su vez lo tomó del griego sábbaton (σάββατον), y este del hebreo šabbāt, que significa sencillamente «descanso».

El sánscrito, por su parte, desarrolló un sistema planetario propio, pero estructuralmente gemelo al romano, con sus siete vāra asociados cada uno a un astro: Ravivāra (Sol), Somavāra (Luna), Mangalavāra (Marte), y así sucesivamente. Que civilizaciones tan distantes como Roma y la India védica llegaran, por vías independientes, al mismo principio de asignar un astro-dios a cada día sugiere que la idea babilónica viajó con una fuerza notable, o que la lógica de «siete astros, siete gobernantes» resultaba simplemente irresistible para cualquier cultura con observación astronómica seria.

La gran bifurcación cristiana

Con la cristianización de Europa llegó el punto de inflexión. La Iglesia, incómoda con que sus fieles juraran lealtad semanal a Marte y a Júpiter, intentó en distintos territorios sustituir el sistema pagano por uno neutro. En la península ibérica, el experimento fracasó a medias: el latín eclesiástico impuso dies Dominicus —día del Señor— para el domingo, y dies Sabbati y sustituyó definitivamente al antiguo día de Saturno, pero los cinco días intermedios resistieron la presión religiosa y conservaron a sus dioses romanos casi sin disfraz. El español, el italiano y el francés son, en este sentido, lenguas con una capa cristiana muy fina aplicada sobre un núcleo pagano que se negó a disolverse.

El español, el italiano y el francés son lenguas con una capa cristiana muy fina aplicada sobre un núcleo pagano.

En el oeste peninsular, sin embargo, la sustitución triunfó. El portugués heredó una solución eclesiástica que otras lenguas romances abandonaron. Eliminó a Marte, Mercurio, Júpiter y Venus y los reemplazó por una numeración litúrgica —segundaterçaquarta… , que cuenta los días desde el domingo, el primero. Ese mismo gesto haría el islam con el árabe: al-Iṯnaynaṯ-Ṯulāṯāʼ, «segundo», «tercero»… Es lo que ya habían ensayado los hebreos y los griegos bizantinos. Portugal no inventó nada nuevo, aplicó la solución que en otras tradiciones religiosas llevaba milenios de rodaje.

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Las grandes lenguas modernas se parten en dos familias. Inglés y alemán hicieron lo que Roma había hecho con los griegos, traducir a sus propios dioses. Tuesday es el día de Tiw, Wednesday el de Wodin, Thursday el de Thor, que ocupan el lugar de Marte y de Júpiter.

El chino mandarín, ajeno a toda esta disputa grecolatina, desarrolló su propio sistema numeral: xīngqī yīxīngqī èr, literalmente «semana uno», «semana dos», con lógica cercana al hebreo o al portugués. Los vecinos japoneses sí adoptaron los astros: getsuyōbi, día de la luna; kayōbi, día de fuego-Marte. Se dejaron influir por la china clásica y budista.

Inglés y alemán tradujeron a sus propios dioses. Tuesday es el día de Tiw y Wednesday el de Wodin.

Si queremos buscar nomenclaturas originales, tenemos que buscarlas en lenguas que mezclan los dos sistemas y añaden alguna rareza como el islandés: mánudagurdía de la LunaÞriðjudagurtercer día… Y laugardagur, lo diremos en serio, es el día del lavado o baño, que eso significa. También el vasco ofrece singularidades confusas, y en cualquier caso distantes. Astelehena es el lunes, compuesto por aste- es semana y –lehen, primero; pero el martes es asteartea, que significa día intermedio de la semana, aunque no lo sea; y el miércoles, asteazkenaúltimo de la semana… Son probablemente huellas de una organización temporal anterior a la semana de siete días.

Lo que sobrevive

Lo fascinante no es que las lenguas del mundo estén divididas en dos familias, la numeral y la mitológica, y que ninguna lengua importante haya inventado una tercera vía en dos mil años, sino que o se numera, o se nombra a un dios.

Diecisiete siglos lleva el español invocando a un dios pagano cada vez que dice «nos vemos el jueves» en mitad de una conversación sobre el dentista. Lo verdaderamente anómalo ya no es que conservemos dioses paganos, sino que millones de hablantes católicos lo citen sin que a nadie le parezca motivo de escándalo.

Cada semana, españoles y portugueses cruzan una frontera invisible. Unos siguen citándose con Marte, Mercurio o Júpiter; los otros prefieren contar. Dos maneras de nombrar los mismos días y dos respuestas distintas a una pregunta muy antigua: qué hacer con los dioses cuando ya nadie cree en ellos.

PUBLICADO originalmente en El Confidencial por Rafael del Moral.

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