Zero español

Permitidme que os cuente algo que llevo tiempo observando en nuestro idioma, y que me tiene francamente intrigado. ¿Habéis reparado en la invasión silenciosa del cero? No me refiero al numeral honesto que aprendimos en el colegio, sino a ese impostor que ha venido a sustituir palabras que funcionaban perfectamente en castellano desde hace siglos.

La Coca-Cola Zero podría haberse llamado sin azúcar o cero azúcar (que al menos respeta nuestra ortografía). Por poner otro ejemplo, cuando una aplicación de supermercado nos invita a adoptar la opción zero papel, bastaría con decir sin papel. Y sin embargo, el zero campa a sus anchas, como si el español careciera de recursos para expresar la ausencia.

Lo preocupante no es solo el envoltorio publicitario o la carencia de semántica (¿quién podría protestar porque la Coca Cola llevara edulcorante, si zero no significa nada en español?). Es que ese uso se nos ha colado en la lengua cotidiana. Ahora la gente dice que está cero convencida en lugar de NADA convencida. Que tiene cero ganas en vez de NINGUNAS ganas. Que algo le importa cero cuando siempre habíamos dicho que no le importaba un pimiento, un comino o un bledo (expresiones con historia, con color, con sabor).

¿De dónde viene esta moda? Del inglés, naturalmente. En esa lengua, zero funciona como adjetivo con naturalidad (zero tolerancezero calories). Pero el español no necesitaba ese préstamo. Teníamos (y seguimos teniendo) un arsenal de palabras para expresar la negación y la ausencia: ningunonadasincarente dedesprovisto de

El cero español es un sustantivo o, en su uso adjetival tradicional, va acompañado del sustantivo que cuantifica: cero azúcarcero calorías. Decir estoy cero convencido pervierte su naturaleza gramatical y empobrece nuestra lengua. Es un calco innecesario, un anglicismo de los que se cuelan sin avisar. Pero no solo eso, además es una aberración ortográfica puesto que el sonido /z/ se representa con la grafía c delante de las vocales e y i, salvo en contadas excepciones como zigzag, que es a la postre un préstamo del francés.

No se trata de purismo trasnochado. Se trata de defender la precisión. Porque cuando adoptamos estructuras ajenas sin reflexionar, no enriquecemos el idioma: lo achantamos ante otras formas de ver el mundo. Le quitamos matices y lo volvemos uniforme y gris, perdiendo la perspectiva que nos ofrecía el prisma a través del cual nuestros antepasados miraban el mundo.

Así que la próxima vez que os sorprendáis diciendo que algo os interesa cero, pensadlo dos veces. Probablemente queríais decir que no os interesa nada. Y esa palabra, además de correcta, suena infinitamente mejor.

PUBLICADO ORIGINALMENTE POR Zimmermann99 en www.forocoches.com/foro/.

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